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Barro

diciembre 29, 2009

Los blindados detuvieron su avance. El camino se había convertido en una gran masa informe que se hundía bajo las cadenas. Imposible continuar. La infantería se puso en guardia. Eran presa fácil si los rusos les localizaban. Mis compañeros temblaban ante la persistente lluvia que les calaba los huesos. El frio de la Baja Sajonia era un enemigo más. Entonces, una ráfaga de ametralladora iluminó el flanco derecho de nuestro trasporte. En el suelo, algunos soldados agonizaban heridos de muerte. Una explosión alcanzó al primer blindado, reventando el blindaje. Inmediatamente después de la explosión, se sucedieron muchas otras, quenos reventaron los tímpanos. Oimos los gritos de los rusos que se acercaban. Comencé a arrastrarme hacia un lado del camino. El olor a barro y sangre se mezclaba con el humo. Apenas podía moverme. Los gritos callaban las explosiones. La lluvia de agua y fuego ahogaba el dolor. Continué avanzando, a duras penas, hasta llegar a un grueso árbol. Desde allí asistí a a la destrucción de mi batallón. Ahora estaba yo solo, en medio de un bosque rodeado de rusos, con el barro agarrado a mi corazón.

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