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Corresponsal

enero 18, 2010

El reportero F llevaba en aquella unidad desde hacía dos años. El encargo era sencillo. Debía sacar imágenes de las conquistas en el frente oriental. Captar las instantáneas de felicidad, euforia y victoria. La camaradería y el buen hacer en el frente. Sin embargo, desde hacía seis meses, apenas encontraba material que mandar a Berlín. Derrota tras derrota, ahora se encontraban en los bosques de Baviera, retrociendo ante el empuje soviético. Junto a los hombres de armas, había vivido sus estados de ánimo de manera directa. Les conocía. Le habían confesado sus miedos, sus pesadillas. Las mujeres e hijos que esperaban su vuelta a casa. Las cartas de los caidos en combate. Un collage vital que se derrumbaba. Sangre enterrada en la estepa. Dolor que se adhiere a la piel. Reuní a la unidad y les fotografíe. Quería dejar constancia de su esfuerzo. Aún guardo esa fotografía. La mayoría cayó en algún lugar. Hoy miro la imagen y recuerdo perfectamente el instante. Su recuerdo me ayuda a seguir adelante. Ellos lo querrían así. Gracias, amigos.

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