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Lluvia

mayo 27, 2010

Los blindados atravesaron Maginot. No teníamos más escapatoria que refugiarnos en las ruinas humeantes de la antigua ciudad fronteriza. El camino hasta Bruselas sería largo, sobre todo una vez que nuestra unidad se encontraba dispersa tras la ruptura del frente. Botas mugrientas, harapos y un fusil destartalado era lo que me quedaba. En la capital, intentaría recuperar fuerzas y volver a la batalla. Al fin y al cabo, no tenía miedo a morir y eso es lo que desconcertaba a mis enemigos…

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