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Muerte

octubre 29, 2010

Los enlaces de intendencia pululaban por el cuartel general. Los informes no eran favorables. La noche anterior llegaron noticias contradictorias sobre la pérdida del puente que nos mantenía en la esperanza de una salida a tiempo de la muerte. El soldado se mantenía sentado en el suelo. Su mente volaba en busca de buenos recuerdos. Era difícil mantener la esperanza frente a tanto revés. Recordaba la campaña junto a sus compañeros del VI Ejército. Podía contar con los dedos de una mano los que sobrevivían. Muchos amigos estaban muertos o, simplemente,desaparecidos. Las sucesivas derrotas en el frente oriental habían mermado su ánimo. Había combatido bien, había matado muchos enemigos y siempre había cumplido las órdenes de sus superiores. Sin embargo, su cabeza había desertado hace tiempo. El dolor había ennegrecido su voluntad. La sangre de sus compañeros regaba hoy sus músculos y le mantenía tenso.

El revuelo desapareció. La noticia de la muerte del líder trajo el silencio. Un segundo después: estampida.

El soldado Fritz se mantuvo inerme. Tres segundos después sacó su arma y se descerrajó un tiro en la sién. Su último pensamiento lo dirigió a su ciudad natal. El aroma de la comida de su mamá cubrió los últimos instantes de su existencia.

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