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Salvación

noviembre 1, 2010

Los heridos se amontonan en el hospital de campaña. La sangre inunda las vendas. Restos sanguinolientos se esconden entre los camastros. Enfermeras y médicos imporvisados tratan de salvar la vida a los que tienen alguna esperanza. El resto espera la hora de la muerte.

El soldado Fritz abre los ojos oscurecidos por la metralla. Apenas puede ver. Las sombras se desplazan en un ir y venir caótico frente a él. No sabe dónde está. Recuerda los gritos de sus camaradas despedazados junto al refugio. No entiende por qué él se salvo.

Un segundo después, una cálida mano se posa sobre su frente y desciende acariciando sus párpados. La oscuridad engulle su pensamiento. No está muerto, pero sabe que su hora ha llegado.

Ahora sus pensamientos viajan a su hogar de Sarajevo. Viajan al mirador desde el que observaba el fluir de la vieja ciudad. Allí de donde nunca debió salir ahora se escondían sus últimos pensamientos…

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