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Reacción

mayo 7, 2011

El soldado Fritz yacía ausente sobre el barro maloliente de la estepa invernal. La detonación había descerrajado sus tímpanos.  El polvo se mezclaba con la sangre y la metralla en una masa informe y etérea que cubría el pensamiento y la vida. No recordaba nada. Sus pupilas habían quedado adheridas a un instante del pasado. Un segundo antes de la explosión había recordado el nombre de la mujer que le esperaba hacía ya cuatro años  mil kilómetros al oeste. El siguiente segundo era el final. Su mente había caído al suelo en mil pedazos irrecuperables. El tiempo se comprimió en ese instante en que la guadaña sobrevoló su refugio con indisimulada facilidad. El compañero había volado en mil pedazos pero él estaba allí, con los rasguños de la muerte atravesando su carne sin fatalidad. La trascendencia del momento le hizo reaccionar. Se levanto, sacudió el polvo de su ropa mugrienta y volvió a mirar al frente. La muerte había estado cerca una vez más. El siguiente segundo volvería a ser una nueva ruleta rusa. Un parpadeo gélido y el reciente pasado conformó su nuevo presente. 100 kilómetros al oeste del río Oder…

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